5 feb. 2009

A CADA PASO (9Jul.08)

Esta mañana me he levantado sin prisas, no tenía nada previsto y no puse el despertador. Después de mi zumo de zanahoria y kiwi recién pasados por la licuadora, me he tirado en la terraza en "top less" y con un escueto bikini verde. Dado que estoy en el ático, la terraza está cerrada con un metro de ladrillo y el edificio es el más alto por los costados y enfrente... me he dedicado a lucir mi "cuerpo serrano" al sol con pañuelo a lo pirata en la cabeza y una revista de decoración (estoy en plena efervescencia en manualidades caseras antes de la boda). Después de un par de horas, y ya que se acercaba la hora de comer, me he puesto una camiseta y me he levantado para ir pensando en la sartén y las patatas. Al levantarme, he visto en la terraza de enfrente como el vecino cambiaba de maceta unas plantas, las olía y regaba, tocaba la tierra y miraba despacio hoja a hoja. Me he sentido fatal. Un tipo al que siempre llamo interiormente "badanas" cuando me lo cruzo, amaba las plantas como yo, que soy tan aficionada a traerme plantas y flores silvestres y probar si sobreviven en jardineras alrededor de la terraza. Me he puesto unos pantalones cortos que me esperaban en el sofá del salón y me he ido a freir las patatas. Mientras freía todavía me acordaba del pobre chaval y me sonreía. Después de comer y lavar lo poco que mancho para mí sola, se me ocurrió que ya que iba a bajar la basura, podía ir a la joyería de enfrente y ver como dolían las etiquetas de las esclavas de oro, ya que he pensado regalarle una de oro blanco a mi Erinio, y así me voy mentalizando (quiero regalársela a final de mes). Una vez que me puse unos vaqueros y una blusa de lino amarilla y mis estupendas sandalias a juego, he puesto la lavadora, cogido el bolso... y cuando ya me iba he caído en la cuenta de que en casa nunca me pongo las lentillas, para que mis ojos descansen, así que me fui a ponerlas porque de lo contrario no distinguiría a mi suegra en la acera de enfrente. Al volver hacia la puerta me doy cuenta que me dejo la puerta de la terraza abierta y que mi gata duerme sobre el suelo fresquito del salón al lado de una jarra de agua que había cogido antes de comer para regar el rosal. Me acerco, y me agacho a regar el rosal, al levantarme y antes de girar para irme, mis ojos caen casualmente a la terraza de enfrente ... para que yo acabe soltando una carcajada en voz alta y sacuda la cabeza, divertida, pensando que últimamente estas cosas me salen a cada paso: Las tres plantas que tanto remiraba mi vecino, SON DE MARIHUANA.

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